martes, 26 de marzo de 2013

#Colaboración en organizaciones


Vivimos un periodo en que la colaboración se busca dentro de los entramados organizativos, sean de carácter público o privado. Es sin embargo una búsqueda que, en muchas ocasiones fracasa. Hay varias razones para ello:

  • Se interpreta la colaboración como fin en si mismo.  La colaboración es una actitud que se busca desarrollar en las organizaciones basadas en el conocimiento. Al ser la colaboración la base del aprendizaje colectivo y de los procesos de innovación, resulta una piedra fundacional de este tipo de organizaciones. Sin embargo, tratar de desarrollar la colaboración como actitud organizativa culmina en ocasiones en fracaso, al perseguirse la misma como fin en lugar de cómo medio para alcanzar los objetivos de la organización. Sólo desde la perspectiva de colaboración como medio y con el necesario compromiso con la colaboración de aquellos que dirigen la organización es posible desarrollarla como actitud.

  • La imposición artificiosa de una falsa colaboración. La colaboración como actitud de una organización necesita para su desarrollo la creación de hábitos y actitudes en los individuos que la componen. No existe una organización colaborativa si los individuos que la conforman no desarrollan la colaboración como actitud individual. Ello no pasa por imponer una mecánica de contribuciones periódicas obligatorias, sino hacer que esas contribuciones sean parte del trabajo diario y ofrezca un valor individualizado. El desarrollo de la colaboración como actitud individual requiere incentivar al individuo, hacérsela valiosa para alcanzar sus objetivos y necesidades personales dentro o fuera de la organización.
  • Hacer equivalente la colaboración a la existencia de una plataforma tecnológica orientada a la la colaboración. La colaboración como actitud de una organización ha de facilitarse con unos medios físicos y virtuales. En las organizaciones actuales, los medios electrónicos son un instrumento habitual para desarrollar la colaboración como actitud organizacional, no obstante conviene complementar las mismas con instrumentos físicos. La mera existencia de una plataforma tecnológica no es más que un servicio más para hacer posible la colaboración, que ha de asentarse sobre un entorno de comunicación continua en que se pase de lo virtual a lo físico y viceversa.
  • Falta de evaluación de resultados. La colaboración de cómo actitud de la organización no se desarrolla en un solo paso. Es un proceso que requiere constancia y evaluación de resultados, lo que significa la necesidad de crear una estrategia y unas métricas de evaluación de la misma. No se mejora lo que no se mide.
Como consecuencia de los párrafos anteriores, para desarrollar la colaboración como actitud organizativa se necesita
  • Identificar un objetivo de la colaboración alineado con los objetivos de negocio de la organización
  •  Seleccionar los medios que van a utilizarse para la colaboración
  • Generar dinámicas de compensación por la colaboración a los individuos de la organización
  • Crear una hoja de ruta para el desarrollo de la colaboración como actitud organizacional
Complicado y sencillo a un mismo tiempo.

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